"La escritura de Rosario Bléfari se parece a un viento que entra por la ventana de la literatura argentina y vuela los papeles con una frescura y una vitalidad inauditas. No se trata de patear el tablero y sus rígidas categorías, sino algo de un orden más modesto y demasiado íntimo; una curiosidad por la palabra y la música que en poemas en prosa, cuentos, entradas de diarios, apuntes de lecturas, anotaciones y tantas canciones revelan la extrañeza de la recién llegada que no quiere levantar el tono de voz ni imponerse como centro de atención. Tampoco era la intrusa que se equivocó de fiesta. Había o mejor dicho hay --porque lo escrito y las canciones siempre suenan y no tienen pretérito; son puro presente— la voz de una escritora que prefería posicionarse como una aficionada delicada en su profundidad para observar, registrar y auscultar lo cotidiano o un paisaje, siempre más cerca de la narración que de la poesía entendida como lírica empalagosa. “Oh caballo del tiempo, siento que todo está de golpe en el pasado. Es decir, no está en ninguna parte”, escribe en una de las entradas de Diario del dinero, su último libro que publicará la editorial Mansalva.

Diario del dinero - Rosario Bléfari

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  • Yo anotaba mis gastos y también lo que había ganado, pero eran columnas de números que pocas veces volvía a consultar y que cuando lo hacía no entendía qué significaban. Aunque pusiera una fecha o alguna otra referencia para guiarme no era suficiente, al poco tiempo esos datos no me decían nada. Entonces empecé a escribir en prosa, con todo el recorrido del dinero y sus causas y consecuencias: pagué esto y aquello, me pagaron tal cosa y con eso repuse lo que había sacado de allá. Así. Nunca me sirvió para ordenarme ni para hacer un cálculo de algo pero sí me interesó lo de escribir los números, hacer escritura de las cuentas, relatar el debe y el haber. Si las anotaciones habituales no conseguían retener algo del paso del dinero por mi vida, ni siquiera conseguían que pudiera controlarlo, relatarlo sí me permitió observar su presencia como una puntuación, un ritmo. Escribiendo este Diario del dinero me sentí haciendo una inversión. Invertí los términos: gastar es una nueva oportunidad de contar y ganar es perder la vergüenza y desnudar cuánto recibo por mis trabajos. Empecé a revisar viejos diarios que no tenían esta intención de antemano y me di cuenta que ahí estaba el mismo ritmo, esa aparición del dinero en medio de todas las experiencias de la amistad, de la familia, del amor, de la música, del cine y de la escritura misma, acompañando el agobio y el alivio de los trabajos y los días. Quise que las entradas estuvieran desordenadas como si un viento hubiese entrado por la ventana y volado las hojas. Y, como si de verdad esto sucediera, que en medio de eso hubiese islas de orden cronológico también. Una forma de contar el dinero que puede servir como materia de análisis para economistas y sociólogos, un registro para que los chismosos revisen o para quien pueda llegar a preguntarse de qué modo sobrevive en este mundo alguien como yo.

    Rosario Bléfari